MARÍA ANTONIA COPADO, un espíritu libre, una poeta valiente  

15.05.2019

Por Jose María Herranz Contreras

 El pasado mes de enero de este año 2019 fallecía en Madrid María Antonia Copado Sánchez-Pinedo, víctima de una larga enfermedad, y muy recientemente hemos sabido de su óbito. Buena parte del ambiente literario madrileño -en especial la tertulia Rascamán, dirigida por Javier Díaz Gil, reputado escritor- lamentará enormemente su pérdida, porque además de una gran persona fue también una excelente poeta, de la cual quiero trazar una breve semblanza y un merecido homenaje.

María Antonia Copado fue una poeta con una obra construida de forma autodidacta desde su más temprana edad, en los años 40-50. Heredó la vocación de su padre y su abuelo, también escritores y dedicados a la docencia. Su creación poética continuó durante toda su juventud, de forma discontinua, por su trabajo en diversas instituciones y ministerios en la época franquista y su labor como madre. En aquella época firmó como "Javier Distinto" -su álter ego artístico- un libro de poemas que dio a conocer en círculos restringidos, sin llegar a publicarlo. Siguió así la larga tradición que tienen las mujeres en adoptar identidades masculinas para ser reconocidas y respetadas por sus coetáneos. Durante la dictadura franquista, evidentemente, una mujer tenía casi todos los caminos cortados, especialmente y además tratándose de una escritora. María Antonia Copado fue un espíritu libre, una mujer que vivió su vida tal y como quiso -con las lógicas limitaciones de esa época tan dura-, que hizo del amor y el deseo los territorios de su construcción artística, y que enarboló la libertad como bandera de su desarrollo personal, llevando a la práctica la máxima de "lo personal es político", sin saberlo, del mejor modo que pudo en aquel ambiente tan opresivo. Ello le permitió experimentar y vivir bajo el paraguas de diversas identidades los amores que pudo. En aquella época, las mujeres que pretendían vivir con libertad y dignidad el amor sin etiquetas ni barreras ciertamente lo tuvieron muy difícil; si a ello le unimos el amor por la literatura y la expresión artística de la verdad y la desnudez de ese amor indistinto -poliamoroso, se diría hoy en día-, podemos imaginarnos los enormes obstáculos a los que tuvo que enfrentarse. Es ya en plena madurez, a partir del año 1983, cuando participa activamente en algunas tertulias y foros literarios madrileños. Publicó en los primeros 2000 un poemario titulado "Mi tercer hijo" -en edición corregida por Cristina Cocca Arnedo-, con el apoyo y auspicio de Alfredo Piquer, el coordinador del Aula de encuentros del grupo de poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid, en cuya tertulia participó algunos años. Quiso sin embargo el destino que otro Javier diferente a "distinto"-Javier Díaz Gil- le animase a publicar sus versos más íntimos y comprometidos, en un poemario fantástico de título "La mujer de la lluvia", que él mismo dirigió y corrigió en una cuidada edición publicada por "Poeta de Cabra" en 2012. Se cerró así el círculo mediante el cual "Javier distinto" inició su andadura con una falsa identidad masculina para llegar a su culmen como María Antonia Copado, mujer auténtica, en "La mujer de la lluvia".

Lo que personalmente me llevó a fijarme en ella cuando la conocí en el Círculo de Bellas Artes -y posteriormente en la tertulia Rascamán- fue la intensidad y autenticidad de su voz. El marchamo que define a un poeta "auténtico" para mí consiste en una mezcla de valentía en lo formal y en los temas, el riesgo, y el grado de "verdad" que la voz de dicho poeta pueda transmitir, al margen de la mayor o menor perfección formal que posea en su oficio -también necesario. Es cierto que el oficio es importante en la tarea de un escritor, pero en el caso de un poeta es más importante su naturaleza y su voz. La poesía no se puede impostar ni aprender. Se lleva dentro, se ha nacido con ella y ella es quien dirige a quien la porta. Se puede modular, desarrollar y perfeccionar la voz; pero si no se habita en ella -o ella habita en el artista- nada es posible, nada perdurará. Y eso descubrí en ella, en cierta medida, más conforme nos fuimos conociendo personalmente y me fue desgranando la historia de su vida, una vida nada fácil, por supuesto, en la que su valentía, el amor por la belleza y la búsqueda del amor y la pasión consiguieron salvarla. Podemos decir que la poeta María Antonia Copado fue una artista fuera de contexto, que no perteneció a la época que le tocó vivir, sino más bien a la actual.

Podríamos decir también, salvando las distancias, que María Antonia Copado sigue la tradición de un cierto malditismo y un espíritu libérrimo, cuya escritura nos trae ecos de grandes escritores clásicos (Safo, Kavafis, Rimbaud), lo cual ciertamente es una virtud, por doble motivo: tratarse de una mujer, y de una generación tan dañada como la del franquismo. La "sociedad" siempre condena a los espíritus libres; pero esa misma "sociedad" (los que enarbolan los prejuicios) se mira en el propio espejo de esas personas, de esos artistas, para encontrar respuestas a unas vidas frecuentemente pobres y arruinadas. Y ciertamente, María Antonia Copado no arruinó su vida en absoluto: vivió como quiso, cumplió las normas que tuvo que cumplir (y disfrutó de ello, de su familia y sus hijos), amó con intensidad a quien quiso -como aman los héroes-, y publicó tres magníficos libros: "Mi tercer hijo", "La mujer de la lluvia" y "Cuerpo inerte". "Mi tercer hijo" es un poemario de transición, una obra digamos "juvenil". "La mujer de la lluvia", para mí es su obra cumbre: un poemario de amor, sexo y pasión, absolutamente libre y moderno, que rompe todo tipo de prejuicios y moldes. Y "Cuerpo inerte" es una obra arriesgada, valiente e interesantísima, que explora con crudeza la experiencia de una grave enfermedad de la que salió ilesa, y que unos años después terminaría con su vida. Este último poemario se adentra sin miedo en el territorio de la muerte, de la nada, y de la falta de consciencia y su significado, así como los aspectos oscuros de todo ello. Es un texto muy atrevido, sincero, que no abandona el malditismo que es tan característico de la autora. Ambos poemarios fueron publicados por la editorial "Poeta de Cabra" (que desde 2018 se reconvirtió en "Los libros del Mississippi", dirigida por Antonio Benicio Huerga).

Recomiendo vivamente a los lectores redescubrir la obra de esta interesante autora. No se arrepentirán.

Referencias: https://www.poetadecabra.com/ y https://www.librosdelmississippi.com

© José María Herranz Contreras